La vieja diosa


La vieja diosa. De la filología a la posmodernidad
Centro de Estudios Cervantinos, 2004
Hace muchos años que la filología dejó de ser en Occidente la principal disciplina que inspiraba los estudios literarios. Algunos de los saberes que formaban su tronco se fueron desgajando de él y crearon campos independientes de trabajo. Por otro lado, ciertos fundamentos de la crítica textual se pusieron en tela de juicio y se señalaron las imitaciones de la historia tradicional de la literatura. El historicismo y el positivismo no podían competir con modelos más refinados de investigación que resolvían viejos problemas y planteaban nuevos, mucho más acordes con los tiempos.

Las razones del cambio de orientación de los estudios literarios se deben, pues, a motivos epistemológicos o, si se prefiere, a los cambios internos, inevitables en la evolución de una disciplina. La teoría literaria, de la mano a veces de la lingüística, propuso un estudio científico de la literatura y ayudó a desarrollar un poderoso metalenguaje, más preciso y ajustado al objeto estudiado, aunque en este libro se denuncien algunos excesos cometidos en su nombre, pues se ha creado una jerga que no siempre ayuda al análisis.

Pero además del cambio de la metodología (y de paradigma), hay otras razones para hablar de tantos y tan profundos cambios. El estudio de la literatura ya no es competencia exclusiva de filólogos e historiadores, sino que lo es también de sociólogos, comunicólogos y expertos en informática, y, por otro lado, los estudios literarios ya no se centran en las obras establecidas por el canon (el cuerpo se ha convertido en texto, las cartas de los emigrantes o los graffiti son también materia de estudio).

En La vieja diosa. De la filología a la posmodernidad se abordan las hondas transformaciones que han sufrido los antiguos enfoques y se presenta el vasto panorama actual de los estudios literarios. Su politización (el saber es expresión del poder), el pensamiento posmoderno y el impacto enorme de los medios informáticos han condicionado el contenido y la expresión de los estudios sobre literatura. Los últimos capítulos del libro recuerdan cómo la acelerada vida de finales de siglo y la tiranía del ‘publica o perece’ han condicionado también la calidad y cantidad de las investigaciones. En este libro se muestra el proteico campo de los planteamientos actuales y de las posibilidades que ofrecen.

A pesar de lo mucho que se ha escrito sobre y contra la filología, ésta no ha cesado de renovarse. La continua reflexión sobre la ciencia y el arte de editar textos y los estudios de la nueva bibliografía material han enriquecido los estudios literarios desde una perspectiva que sólo la vieja diosa (metáfora de la filología) podía emprender.

Reseñas de La vieja diosa
Mª Mercedes Rodríguez Temperley, revista Olivar 2007, nº 7

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